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Avancemos perdonando a la manera de Dios
144 min
Conociendo al Dios que Adoramos

Avancemos perdonando a la manera de Dios

Isaac Borges · 11 Oct 2026

Introducción: Elevando nuestro nivel espiritual En esta sección del mensaje, el pastor Isaac Borges hace un llamado a elevar nuestro nivel espiritual en el área del perdón para no quedarnos estancados en el crecimiento cristiano . En la convivencia congregacional, es común que las personas atraviesen malos días o reaccionen con extrema susceptibilidad ante cualquier gesto o mirada . El pastor ilustra de forma cercana a quienes reaccionan así como «hermanos chocolates», pues por cualquier detalle se derriten o se molestan, amenazando con alejarse . Para avanzar hacia la madurez, debemos comprender que el perdón no depende del estado de ánimo de los demás, sino de recordar la inmensidad del perdón que Dios ya nos otorgó a nosotros . 1. La restauración del hermano que cae (Gálatas 6:1) Cuando un creyente es sorprendido en alguna falta o pecado, la respuesta de la iglesia no debe ser la condena ni el chisme, sino la restauración . Basado en Gálatas 6:1, la instrucción bíblica para los que son espirituales es restaurar al caído con espíritu de mansedumbre . En el texto original, la palabra «restaurar» se refiere a acomodar o remendar un hueso que se ha fracturado . El objetivo de la iglesia es brindar la oportunidad de resolver la situación mediante un arrepentimiento genuino, considerando con humildad que cualquiera de nosotros también puede ser tentado . 2. Desarmando los dardos del acusador Existe un enemigo espiritual muy interesado en impedir que perdonemos: Satanás, el acusador de los hermanos (Apocalipsis 12:10) . Su estrategia consiste en lanzar constantemente dardos de ira, rencor y resentimiento para mantener a los creyentes amargados, tristes y llenos de aflicción . Al rehusarnos a perdonar, le hacemos el juego al enemigo y permitimos que se burle . Sin embargo, la obra de Jesucristo ha limpiado nuestros pecados pasados, presentes y futuros, desarmando la acusación del enemigo y dándonos libertad para perdonar . 3. Dios no guarda cuentas: Vaciar el morral de la culpa (Miqueas 7:18) A diferencia de los hombres, que suelen guardar registros de las ofensas pasadas, Miqueas 7:18 nos recuerda que Dios se deleita en la misericordia, sepulta nuestras maldades y las echa en lo más profundo del mar . Cuando confesamos nuestras faltas, el Señor nos perdona totalmente . No debemos andar cargando un «morral» lleno de culpas pasadas ni pidiendo perdón repetidamente por faltas que Dios ya perdonó y olvidó, pues Él no actúa con la memoria rencorosa del ser humano . 4. La honra de pasar por alto la ofensa (Proverbios 19:11) Mientras vivamos en esta humanidad imperfecta, las personas más cercanas —cónyuges, hijos, amigos o hermanos de la iglesia— nos van a fallar, ofender o malinterpretar . Proverbios 19:11 enseña que la cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa . Pasar por alto los agravios menores evita que vivamos con rabia y cólera . Entender que todos estamos en proceso de crecimiento nos capacita para ejercitar el perdón continuo y sin límites . Ocho metáforas prácticas del perdón a la manera de Dios Para comprender visualmente lo que sucede cuando perdonamos, el pastor compartió estas ocho ilustraciones : Liberar al prisionero: Abrir la puerta de la celda y dejar que el cautivo quede en completa libertad . Cancelar la deuda: Escribir en letras grandes sobre la cuenta que no se debe nada . El veredicto de la corte: Golpear el martillo del juez y declarar al acusado «No culpable y absuelto» . La flecha lejana: Lanzar una flecha tan lejos que nunca más pueda ser encontrada . Limpieza del hogar: Sacar la basura y desecharla para que la casa quede limpia . Zarpar en libertad: Soltar el ancla para que el barco pueda navegar libremente . Restaurar la pared: Limpiar un grafiti dejándolo como si fuera nuevo . La vasija rota: Romper una vasija de barro en mil pedazos para que jamás vuelva a ensamblarse . Conclusión Avanzar a la manera de Dios exige despojarnos del orgullo, reconocer nuestras fallas y extender un perdón incondicional a los demás . Solo así garantizamos que la paz, la alegría y la presencia del Espíritu Santo fluyan libremente en nuestras familias y en la iglesia .